Yantras y mándalas, una vía de entrada hacia lo profundo

Resumen

En un estudio de campo realizado en India sobre canto armónico de los monjes del
budismo tibetano, tuvimos la vivencia de presenciar una ceremonia tántrica, con un
exuberante despliegue de manifestaciones rituales. En esta ceremonia pudimos constatar
tres procedimientos que, según nuestra apreciación, constituyen vías de entrada hacia
espacios profundos: canto, mudra y mandala. El estudio de los dos primeros fueron ya
presentados como producciones de Escuela. En esta oportunidad nos abocaremos al
estudio sobre el tercer punto: el mandala.
Considerando que el mandala es equivalente al yantra, planteamos la hipótesis que
“Yantras y Mandalas son herramientas que pueden constituir una puerta de entrada a
espacios profundos”.
Yantras y mandalas son diagramas utilizados preferentemente por el hinduismo y el
budismo para representar la estructura del universo y del ser humano, éste considerado
como una réplica microcósmica del macrocosmos. Son proyecciones geométricas del
cosmos, y habitualmente se organizan mediante un círculo inscrito dentro de una forma
cuadrangular. El punto central indica la trascendencia, la creación, el punto en el que
convergen todas las energías en constante movimiento y traslación. A través de la
contemplación de un yantra o un mandala, el practicante puede experimentar un estado
de conciencia alterado y atisbar lo profundo. Según algunos esta contemplación permite
conectarse con lo divino.
La penetración en el mandala se asemeja a toda «marcha hacia el centro”. En el contexto
del budismo, la centralidad inherente del mandala se ha interpretado como un sendero
que conduce hacia la iluminación.
Para entrar en los espacios sagrados hay un «trance», una desestructuración del «yo»
cotidiano, que constituye la puerta de entrada a espacios profundos. Yantras y mandalas
pueden ser herramientas para desplazar el yo, utilizando el recurso visual para entrar a un
trance. Aquí la entrada al trance ocurre por interiorización del yo. A partir de la imagen
visual se suman imágenes cenestésicas que mueven el intracuerpo hacia los espacios
profundos.
En este estudio se expone la significancia de los yantras y mandalas a través de la historia,
haciendo hincapié en mandalas del budismo tibetano.
Atendiendo a la reducción simbológica del mandala como un círculo con su centro,
estudiamos esta figura buscando su valoración respecto a la búsqueda del centro.
Al investigar en la bibliografía sobre las raíces históricas de nuestro tema constatamos que
la forma mandálica se expresa en una diversidad de culturas. Realizamos una recopilación
de dichas formas a través de la historia, intentando demostrar que el ser humano, en
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estas producciones materiales, se dirige hacia la búsqueda del centro. Por otra parte,
advertimos la presencia de formas mandálicas en la naturaleza, descubriendo que ellas
son un reflejo de una realidad suprema.
Para finalizar exponemos un relato de experiencia sobre el uso del mandala en la técnica
de entrada en la práctica de ascesis, así como sus significancias en nuestro camino de
vida.
Síntesis
La relevancia de los yantras y mandalas radica en ser un vehículo de peregrinaje hacia el
interior. La penetración en el mandala es una «marcha hacia el centro”. Es solo cuando el
practicante se identifica con el centro que el mandala adquiere un significado más
profundo. Una vez que se alcanza el centro místico, el practicante se identifica con aquello
verdaderamente esencial, llamado unidad primordial o, según otros, divinidad. Puede
constituir un sendero que conduce hacia la iluminación.
La investigación de formas mandálicas en la naturaleza nos permitió apreciar la realidad
de una manera distinta a la convencional, aprendiendo a ver y descubrir, pretendiendo
encontrar la belleza oculta, donde hay perfección y orden, buscando un significado que
relacionara la forma con algo más allá del objeto en sí, adjudicándole un valor sagrado a
esa forma. Es así que esta investigación nos enseñó a apreciar a la naturaleza como una
manifestación de lo sagrado.
El bagaje de múltiples construcciones mandálicas realizadas por el ser humano a través de
la historia, nos revela el valor del “círculo con su centro”. El centro es la imagen simbólica
del Principio y de lo sagrado; en tanto la circunferencia la imagen de la multiplicidad de la
manifestación, generada por la irradiación de ese Principio. Todo ello hace intuir que la
humanidad tiene presente este centro y va en búsqueda de retornar a ese origen.